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La Costa de Oro en épocas de Pandemia

Por Alejandro Montandón.

Cansado de explicaciones sobre la teoría de la relatividad, Albert Einstein fue buscando simplificaciones cada vez más alcanzables por los menos próximos al pensamiento científico y llegó a una muy particular: «Cuando cortejas a una bella muchacha, una hora parece un segundo. Pero te sientas sobre carbón al rojo vivo, un segundo parecerá una hora”.  Algo similar ha pasado tras la declaración de pandemia al Covid19, el patógeno que ha paralizado al mundo y mereció la declaración de emergencia nacional en nuestro país. 

Añoramos la semana pasada a la llegada del virus como si fuera una década dorada o la tierna infancia. La posibilidad de “ganar la puerta” cada vez que podíamos, chocar los cinco, pedir disculpas porque “te manché con el labial”, subirnos al ómnibus sin hacer equilibrio por no tocar la baranda y decir buen día al conductor sin contener la respiración. 

La zona costeña nos ofrece la posibilidad de ver el sol desde que nace hasta que languidece. El mar o nuestros campos, nos dan sensación de libertad plena aunque no nos hace inmune al patógeno que ha tenido a nuestra gente a maltraer, a los turistas bien lejos dentro de las fronteras cerradas y el miedo que al principio todo acaparó.

Las moñas azules, quedaron armadas, las mochilas cargadas de cuadernos y de libros que todavía huelen a nuevo como la pintura de las escuelas, cerradas por la emergencia hasta fines de turismo al menos.  Durante los primeros días, los mozos conversaban animadamente en las afueras de las pizzerías de Atlántida y la Ciudad de la Costa. Los parrilleros aún humeaban y de pronto encontraron en apilar las sillas y asistir a los “delivery”, su principal actividad.  Tras cada conferencia de prensa donde se daba el parte diario, se sucedían los cierres de negocios de mayor “contacto social”, restaurantes, bares, gimnasios, clubes sociales y deportivos. La ruta interbalnearia parecía un camino vecinal cuando la cosecha ya se ha levantado y los chacareros toman su descanso dominguero.

Los ómnibus tuvieron el primer día hábil, una merma del 30% de sus habituales habitantes, luego 60%. Comandados por sus valientes tripulantes, ya sin cortinas, con el dispensario de alcohol en gel atrapado entre dos precintos plásticos cerca de la puerta de entrada, recorrían el asfalto a sus anchas.  Pasado el susto inicial que cargó los carritos de los supermercados haciendo montañas insospechadas de alimentos no perecederos, “Himalayas” de papel higiénico y compulsivas compras de lavandina, alcoholes y otros desinfectantes, la razón se volvió a instalar en nuestros lóbulos frontales como buenos humanos que somos. 

Ocurrió que “El día después de mañana”, sin que se cumpliera el “Apocalipsis Now”, ni el “Impacto Profundo” o “Lo Imposible”, el sol volvió a trepar la cúpula celeste. Volvimos a los comercios de barrio, a la carnicería, la panadería, vimos que el contacto humano no masivo era posible y hasta agradable … logrando sacar la pausa, aunque en modo “slow”.

CCIFA POR LAS PYMES

El Centro Comercial, Industrial de Fomento de Atlántida inició de inmediato una campaña de apoyo a las Pymes “¡compre al pequeño, ayude al independiente y mantenga la economía local girando!” reza el slogan o espíritu de la convocatoria. 

Camilo Uhalde, presidente de CCIFA dijo que “si bien pasó la temporada, espera un invierno largo, con cuentas a las que hacer frente y un negocio que ya venía deprimido”. La campaña busca defender al pequeño comercio frente a las grandes superficies en el entendido de que “los capitales extranjeros van a sobrevivir” y “un mes difícil pueda dar quiebra a un comercio”.  Camilo, también dueño de librería Martín Fierro, comentó que hubo más movimiento en su rubro, especialmente en lectura de ficción, infantil y en literatura en general. También insumos para artes plásticas y hasta consulta por textos apocalípticos, aunque no se logró completar la demanda de textos escolares por la interrupción abrupta de las clases.

LOS SERVICIOS

La Intendencia de Canelones restringió al mínimo la atención al público hasta nuevo aviso, dejando guardias rotativas en los municipios, manteniendo la limpieza, los shoppings restringieron sus horarios primero y luego cerraron sus puertas. 

Todas las actividades previstas habían sido canceladas previamente y según dijo a Destino Costa de Oro el intendente Tabaré Costa “se buscará que sea reprogramadas en el año y evitar la superposición”. Aracelis Delgado Directora de Salud de la Intendencia aseguraba que Canelones “está preparado para esta situación y la coordinación de esfuerzos es fundamental”.

MANOS SOLIDARIAS

Pocas horas después de conocidos los primeros casos locales el Comité Departamental de Emergencia anunciaba las primeras medidas canarias, llamaba a quedarse en casa y a extremar la higiene al tiempo que su presidente Leonardo Herou anunciaba la creación de una “red de voluntariado que abarcará a 600 instituciones” reconocidas por su acciones solidarias y experiencia en territorio. 

En Neptunia, se montó una carpa para la recepción de alimentos donados por empresas y vecinos, creándose una red de detección de personas que pudieran necesitar alimentos, evitando que los mayores salieran de casa y guiados por un equipo de médicos voluntarios que instruyeron para que “la solución no sea un problema más”, como relató a Periódico del Este, Alejandro Benitez referente voluntario del barrio La Cumbre. 

En Ciudad de la Costa la realidad no fue muy distinta «Hay empresas que han manifestado que tienen que cubrir gastos y no pueden cerrar sus puertas, pero el movimiento ha bajado, muchos estamos hablando de mandar al seguro de paro», «pensamos que el trabajo va a empezar a bajar y alguna persona va a tener que ir al seguro de paro» nos decía Andrés Klappenbach, integrante de la incipiente Asociación Comercial local.

Así se vivieron estos primeros días de Coronavirus en la Costa de Oro. Pero seguramente, al momento en que usted esté leyendo este artículo, habrá pasado mucha más agua bajo el puente. Esto es muy dinámico. Lo invitamos a permanecer informado y a cumplir estrictamente las medidas sanitarias pertinentes.

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