El Taller – Por Milton Rodríguez

REFLEXIONES

Milton Rodriguez

EL TALLER

Era simplemente un día más.

No muy diferente al de ayer, y tal vez idéntico al de mañana.

La calle de tosca frente al viejo galpón de chapa, había dejado de levantar polvo al paso de los pocos autos que por allí transitaban.

La lluvia había dado un respiro, y a portón abierto se podía divisar claramente la silueta de dos hombres dentro del taller.

Uno de ellos, ya mayor, cosa que revelaban sus manos gruesas pero blandas, llenas de incontables pequeños rasguños que el tiempo le fue regalando, junto con el aceite quemado que las hacía más visibles, limpiaba unas piezas de un motor, sentado a horcajadas de un balde con querosén.

A su lado, quien sin lugar a dudas era su hijo, lo observaba y trataba de formular una respuesta a la última pregunta de su padre.

El tiempo me dio justo para llegar a las puertas del viejo taller mecánico y ni un segundo después se descolgó un gran chaparrón que hacía sonar el techo como un gran redoblante.

Sin que notaran mi presencia, ensimismados cada uno en sus cosas, el abuelo, le volvió a preguntar al hombre de mediana edad.

– ¿Cuándo vas a comenzar a enseñarle a tu hijo el oficio? Hijo, cuando tu tenías su edad, ya estabas haciendo lo que yo hago ahora.

– Todo ha cambiado Papá, hoy los talleres son casi quirófanos, se reemplazan piezas que vienen en blíster, mira mis manos y mira las tuyas. El torno hace años que está en un rincón y ni tu ni yo lo utilizamos.

– No usamos el torno, bien, estoy de acuerdo, pero ese niño de 15 años solo utiliza su celular y aun no ha aprendido a cambiar una bujía.

– Padre, trataré de explicarte algo.

– No hijo, no me expliques, solo restríngele el uso del celular y siéntalo a tu lado para explicarle cómo se cambia una bujía, este taller será su herencia y su medio de vida.

– Padre, cómo todo en la vida cada vez es más profesional y técnico, ser padre se ha convertido en forma apresurada en una carrera técnico profesional.

– Ser padre es ser padre, y nadie te lo enseña, sólo se es padre.

– Padre, hoy la tecnología de los celulares nos hace más fácil y a la vez mas difícil la tarea.

– No entiendo hijo, de que hablas.

– Veamos, antes los lazos familiares, la comunicación entre padres e hijos se facilitaba al tener a tu hijo a tu lado, oficiando de alumno y tú de maestro. Le explicabas a tu hijo cómo hacer un cambio de bujías o las niñas aprendían de sus madres como hacer una torta. En suma, todas sus dudas se las quitaban los padres. También en esa época pasada existían contratiempos, cuántas preguntas me quedaron sin respuesta porque no tenías los conocimientos para responderme, o aun peor me decías, eso pregúntaselo a tu madre.

– Qué tiene que ver con que sepa o no cambiar una bujía?, enséñale.

– Papá, hoy el celular le otorga todas las respuestas y más de aquellas preguntas que nunca supiste contestarme. Pero a su vez separa a nuestros hijos de nosotros, ya no somos maestros, ya no se sientan junto a nosotros para aprender. Todo se lo preguntan a Google y él les responde con cientos de tutoriales donde en una película, para que entiendas, les muestran cómo cambiar la bujía del auto.

El abuelo quedo cabeza agacha y después de un rato le dijo a su hijo:

– Bueno hijo, dile al Sr. Google que me devuelva a mi nieto.

Milton.

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