La nueva vida de “El Gucci” en Remanso de Neptunia

Un almuerzo en Índigo

"El Gucci" y su amigo el mar

Te invitamos a recordar la nota central de la edición de junio, en la que “El Gucci” nos contó cómo bajó setenta kilos en sólo siete meses, recordó aspectos importantes de su carrera artística y habló de la nueva vida que lleva adelante en nuestra Costa de Oro.

Se lo ve delgado. En realidad, incluso más de lo que la pantalla de televisión muestra. Tanto que cuando lo vemos entrar a índigo nos cuesta identificarlo por su figura. Llegó acompañado de Clarisa Abreu. “Una hermosa amiga”, según nos dice, y ambos se esfuerzan en explicar que se trata simplemente de eso: una linda amistad.

“Me miraba al espejo y no veía la obesidad que tenía. Yo me sentía bárbaro. Eso sí, a la hora de tener sexo, de bañarme, de higienizarme, me pasaron cosas impresionantes e impresentables”

Pide un agua mineral, consulta por las ensaladas y finalmente se inclina por un pollo a la plancha. Luego piensa un instante, se da una pequeña licencia y ordena “esos camarones a la milanesa tan ricos que hacen acá”, para que los tres podamos compartir mientras aguardamos nuestros platos. “Esto no lo hago habitualmente”, aclara, explicando que no come frituras, ni harinas, ni azúcar. Tampoco toma refrescos. Ello forma parte de un plan que le preparó el doctor Elbaum, gracias al que logró bajar setenta kilos en sólo ocho meses. Esa dieta bastante estricta la complementa con una buena actividad física. “Hay que dejar de pensar en el ejercicio como una penitencia”, asegura. “Yo cuando bajé los primeros quince kilos me sentía por dentro impresionante y cuando bajé veinticinco me sentía un atleta. Empecé caminando tres kilómetros y llegué a caminar veinticinco en un día”, nos asegura con orgullo, al tiempo que nos confiesa que su aspiración es llegar a pesar 90 kilos, algo que a esta altura parece más que accesible para su enorme voluntad.

 

El gran motor para mantener un peso adecuado es, sin dudas, el recuerdo de un pasado bien diferente. “Yo pesaba 170 kilos y no era consciente de mi gordura”, explica. “Me miraba al espejo y no veía la obesidad que tenía. Yo me sentía bárbaro. Eso sí, a la hora de tener sexo, de bañarme, de higienizarme, me pasaron cosas impresionantes e impresentables. Y lo peor es que me terminé adaptando a que me pasaran. Me estaba negando a vivir plenamente algunos de los placeres más lindos de la vida y aun así no me daba cuenta. Lo veo hoy, con el diario del lunes. Son cosas de las que me da mucha vergüenza hablar, pero que interiormente me ayudan a trabajar para mantenerme porque no quiero que me vuelvan a pasar”.

Cada etapa de su régimen fue seguida atentamente por el público en las redes sociales. Actualmente, el Gucci cuenta con cientos de miles de seguidores en diferentes plataformas. Aclara que él mismo es quien publica y contesta los estados, a lo que le dedica gran parte de su tiempo. Y es que más allá de su popularidad (nos corrige cuando le hablamos de fama), no quiere cambiar. La sencillez y la humildad parecen ser sus valores más preciados. Tal vez por ello, al definirse como cantante afirma: “Yo talentoso no soy. Cantando no soy bueno, nunca supe cantar. Hago lo que puedo y me empeño mucho para hacerlo lo mejor posible. El que dice que canto bien es que en realidad le atrajo otra cosa de mí”. ¿Cuáles son esas cosas?, le preguntamos. “Eso no te lo puedo contestar. Habría que preguntarle a la gente”, responde. “Tal vez sea que nunca dejé de ser yo. Mucha gente me habla de la frescura, de mi forma de ser, de la forma que tengo de relacionarme con el otro”.

“el prejuicio contra la música tropical ya no existe”

El Gucci hace Plena. Un género que muchas veces ha sido menospreciado por una parte de la sociedad. Lo hace con un sonido bien particular, agregando arreglos y detalles musicales que le han permitido destacar por encima de la media. De ese modo fue difundiendo su música, llegando a cada rincón del país y a todos los estratos sociales, al tiempo que se fue convirtiendo, poco a poco, en un querible personaje mediático.

“Yo soy parte de una nueva generación, de un nuevo movimiento”, nos dice y menciona a otros artistas del género, como Los Negroni, La Sandonga o Damián Lescano. Afirma que la música tropical ha tenido un crecimiento favorable y que comenzó a cortarse lo que él denomina como “el recelo entre géneros musicales”. Como ejemplo de ello, nos habla de su nuevo disco “La música es música”, que estará en la calle en los próximos días y donde cuenta con la participación especial de importantes músicos de diferentes estilos, como Rubén Rada, Jorge Nasser, Mandrake Wolf, Emiliano y el Zurdo, El Gabo de “La Santa”, Guillermo Peluffo y Alejandro Balbis, entre otros. Es por eso que se anima a asegurar que “el prejuicio contra la música tropical ya no existe”.

Desde su punto de vista, el trabajo en equipo es fundamental. Por eso suele organizar salidas y asados con su grupo cercano de músicos y colaboradores. Reconoce que en su carrera ha contado con la ayuda de muchas personas valiosas, y aspira a “seguir trabajando mucho acá, aunque al mismo tiempo ir abriendo los horizontes para poder proyectarme al mercado internacional”. A esos efectos, se encuentra trabajando con los hermanos Maxi y Pablo Porciúncula en la creación de temas inéditos, lo cual abrirá una nueva etapa en su carrera. “La idea es dejar de hacer covers. Nos han ayudado muchísimo, los he disfrutado, pero ya es hora de apostar a otra cosa. A mí me podés decir que canto bien, que canto mal, que soy gordo, que soy feo, pero me di cuenta que la única crítica que me molesta es que algunos digan que seguimos copiando canciones. Creo que estamos para más, me refiero a la música tropical toda. Espero no errar, es una decisión difícil para demostrar que la música tropical no es siempre lo mismo”.

Su nueva vida en “El Remanso”

Hace dos años que el Gucci vive en la Costa de Oro y está completamente encantado. Tiempo atrás, cuando su madre y hermanos se planteaban la posibilidad de mudarse a nuestros balnearios, él se oponía terminantemente, pero luego su punto de vista cambió. “A medida que me pasó esto de crecer como artista, o popularmente, me empezó a surgir la necesidad de la búsqueda de paz. Me enteré del Remanso de Neptunia, un lugar muy especial con un entorno bien artístico, un poco hippie, que a pesar de que está muy cerca de la ciudad es un lugar donde todavía se pueden ver las estrellas de noche”, explica.

Buscó una casa con varias habitaciones y mucho terreno. “Cuando pensé en comprar una casa, pensé en el futuro y en la posibilidad de formar una familia, con niños corriendo y muchos perros. No es una casa de soltero a pesar de que lo soy”, dice entre risas. “El lugar es hermoso y lo que más rescato de acá es que la gente es muy amable”.

Su querido barrio Palermo lo vio crecer en la música y acompañó todo su proceso artístico. Por eso, allí el Gucci es uno más, como a él le gusta. En cambio, cuando llegó a Neptunia arribó con una fuerte popularidad sobre sus espaldas. Se puede decir que el hecho no pasó desapercibido para nadie en el barrio. Incluso su casa se convirtió en una referencia geográfica. “De la casa del Gucci dos cuadras para la izquerda; de la casa del Gucci dos cuadras a la derecha…”. En ese sentido, recuerda con mucho cariño una situación que le tocó vivir recién llegado al barrio. “Me acuerdo de una tarde que salí a caminar, casi llegando al arroyo, había dos niñas que me quedaron mirando. No me voy a olvidar de sus caritas de sorprendidas, de sus sonrisas. A mí me dan un poco de vergüenza esas cosas, pero fue fantástico”.

Más allá de eso, intenta mostrarse como un vecino común y corriente. “Yo me hice muy amigo con los vecinos que viven frente a mi casa. Ellos ya entendieron que soy lo que soy. Que no soy el celebrity del barrio. Yo sé que salgo en la tele, salgo en la prensa, se escuchan mis temas en la radio y me hago cargo de todo eso, pero soy uno más”.

En los ochocientos metros cuadrados de su terreno, Mora y Bartolo andan a sus anchas. Ellos son los dos perros que viven con él. “Son dos sacos de amor”, nos dice. Además, tiene dos canes más que viven en la casa de su hermana y de cuyos costos se hace cargo y otro, “Gabito”, que se encuentra en el refugio Ángeles en Libertad de Salinas y del cual es el padrino. “Amo a los perros. Todos los días me llaman por diez beneficios, pero los casos que más me tocan son los que tienen que ver con mascotas, y con los niños, por supuesto”.

Así transcurre la vida del Gucci en la Costa de Oro. Entre sus animales, algún asado que otro, buenos vecinos y lindas caminatas cerca del arroyo Pando, especialmente en el verano. Y según afirma, así seguirá siendo. “Me veo acá, disfrutando de todo esto (señala el mar a través de la ventana de índigo) por unos cuantos años, seguro”.

Los valores y una canción para su madre

Tomábamos el postrero café, ya sin el grabador encendido, cuando el Gucci comenzó a hablar de los valores. Eso derivó en la figura de su madre y en un recuerdo que lo llevó, literalmente, a las lágrimas. Volvimos a grabar y, luego de reponerse, accedimos a una linda primicia: muy pronto grabará una canción para Zulma María, su mamá. Al respecto nos dice: “Yo siempre me aferro a los valores. Le digo no a la violencia, no a la droga, no al alcohol. Pero, además, no a ensuciar la ciudad, no a tirar papeles a la calle. Yo me crié en Palermo donde tenía todo a la mano, sin embargo, yo no sé qué gusto tiene la merca, que gusto tiene el porro y no me interesa. En eso siempre tuve muy presente las enseñanzas de mi mamá. Yo siento que siempre que me equivoqué fue por no hacerle caso a mi vieja”.

“Yo entendí con su partida el significado de la palabra extrañar, querer, necesitar”

Zulma falleció justo un mes antes del debut del Gucci con su banda por lo que, si bien fue testigo del proceso de armado del proyecto de su hijo, no pudo disfrutar de su éxito. Aun así, continúa siendo un motor para él.

“Ayer de noche, tarde, antes de obligarme a cerrar los ojos para dormir pensando en esta nota de hoy, llamé a Pablo Porciúncula para encargarle que escriba una canción en su memoria. Le conté lo que siempre representó para mí; que sigue siendo mi motor. Yo entendí con su partida el significado de la palabra extrañar, querer, necesitar. Es inexplicable. Yo siempre que puedo les digo a todos que a la madre hay que llamarla todos los días. A mí no me alcanzaron los te quiero, los te extraño, los no te vayas…”

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