Joel Rosenberg atrapado por Parque del Plata

“Por culpa de los Muñoz”

Joel Rosenberg en los estudios de FM Del Sol

Mientras se preparaba para desembarcar con su programa “No Toquen Nada” en FM Del Sol, Joel Rosenberg recibió a El Periódico del Este una tarde del pasado verano, para hablar de radio y contarnos cómo fue que Parque del Plata lo atrapó para siempre.

Fines de enero, el sol que pega fuerte de verdad. Estamos en el segundo piso del Hotel Radisson, donde el aire acondicionado del estudio de grabaciones de FM Del Sol atempera esa sensación térmica sofocante. Por sus enormes ventanales se ve desfilar en la Plaza a aquellos que ya terminaron sus vacaciones, mezclados con turistas que son fácilmente identificables por lo colorido de sus atuendos. Por los pasillos de la radio, caras conocidas como “El Piñe”, “Rafa” Cotello, Diego Muñoz o Gonzalo Delgado, van y vienen, mientras que Iñaki Abadie, carpeta en mano, es como el DT de esa banda que luce muy metida en el laburo, que por lo que se percibe es bastante. Entonces, a la hora convenida ingresa Joel y comienza la charla.

“A Parque del Plata no lo tenía muy presente hasta que apareció la familia Muñoz y puedo decir que cambió mi vida”

El periodista, que tuvo sus inicios en Imparcial (CX 28) y que pasó por otros medios radiales siendo muy joven, llegó a la televisión junto a Diego Muñoz en aquel recordado programa de Canal 10, “Deporte Total”. Pero la relación con “los Muñoz” lo marcaría mucho más, y lo llevó a quedar atrapado por Parque del Plata, como veremos un poco más adelante.

Quisimos saber sobre su relación con la Costa de Oro. La pregunta lo trasladó a un pasado bastante lejano. “No recuerdo con exactitud la fecha, ya que mis hermanos eran menores y mis padres fallecieron, pero de chico veraneaba en Atlántida, calculo que sería por los años setenta. Eran vacaciones largas, de esas que iban de diciembre a marzo. La casa no estaba en el centro, sino en una zona de bosques. Creo que era por la calle Circunvalación”, nos cuenta, y ese recuerdo parece devolverlo, según denotan sus gestos, a una etapa muy feliz de su vida.

“A Parque del Plata no lo tenía muy presente hasta que apareció la familia Muñoz y puedo decir que cambió mi vida. Allá por el 94, Diego me lleva por primera vez y dentro de una barra de amigos que él tenía, en la que había varios argentinos y uruguayos, estaba Iliana”, (la que con el tiempo fue su esposa).

 “A partir de ese momento mi relación con Parque comenzó a ser más intensa; hoy en día, como mis suegros tienen su casa allí, para mis hijas, además de ser la casa de los abuelos, es el lugar de veraneo. incluso Federica (la más chica) nació en el 2013 y pasó sus primeros meses ahí junto a su madre que disfrutaba de la licencia maternal”. Entonces hace una pausa y remata en tono jocoso: “Ahí quedé definitivamente atrapado por Parque del Plata; por culpa de los Muñoz…”.

Pasaron veinte años desde entonces, algunos de sus gustos fueron cambiando, pero no el lugar. “Yo soy mucho de los fondos de las casas, me gustan esos espacios arbolados que te permiten leer y descansar. A los veinte podía darme el lujo de curtirme al sol en la playa, pero ya no”.

Su rutina cuando está en el balneario incluye un camino que descubrió, que va del arroyo Solís Chico hasta Villa Argentina. Lo recorre en bicicleta temprano en la mañana, ya que no le agradan mucho las multitudes. “A esa hora a lo sumo podré cruzarme con Rosencoff”, bromea. La avenida 50 metros le ofrece otro camino que le gusta recorrer en bici, pero en este caso junto a sus pequeñas hijas Camila y Federica. La playa “le encanta”, pero por aquello de “las multitudes”, prefiere aprovecharla en meses de temporada baja.

Además de Parque del Plata, los veranos de Joel tienen siempre un tiempo reservado para el balneario brasilero Hermenegildo. Allí sus suegros tienen otra propiedad, por eso, cuando habla de sus vacaciones repite permanentemente el término “de garrón”, entre risas. “Es un lugar muy lindo, aunque es motivo de burlas de Darwin en el programa. Para él, toda la Costa de Oro es una porquería y Hermenegildo, lo supone”, vuelve a bromear.

Por otro lado, intenta cada año tener lo que define como unas “vacaciones cortas”, con algún breve viaje a un punto turístico de la región, junto a su esposa e hijas. Esos paseos, estrictamente familiares, son muy disfrutables y necesarios para él.

LA RADIO

Cuando llega a Océano FM junto con el equipo de trabajo de “No Toquen Nada”, es probable que no sospechara lo que habrían de conseguir. Con una estructura de producción bastante acotada, logran posicionar el programa al tope del rating de audiencia. Un periodístico que fue capaz de superar a importantes propuestas informativas llevadas adelante por poderosas radios de AM. “Nosotros llegamos a la FM cuando en el mundo la AM ya se estaba apagando, entonces no lo tomo como un mérito por ese lado, simplemente acompañamos una lógica, como nos va a tocar nuevamente en esta etapa donde el flujo de contenidos digitales marca un cambio brusco. Ahora hay que cubrir esa demanda y a su vez generar buenos contenidos para escuchar en vivo”, explica.

“Nunca fuimos un equipo muy grande, pero una de las cosas que aprendimos es que más allá de la agenda propia, importa mucho el trabajo personal. Si hay una noticia de la que habla todo el mundo, el asunto es como la abordamos. Si el presidente Vázquez va a Alemania, yo estoy con la cobertura del viaje de Vázquez, pero el abordaje del tema lo quiero hacer con nuestro trabajo; lo que no acepto es plantarme en la mañana sin trabajo propio”, enfatiza.

“no nos consideramos un escalón por encima de la audiencia, por el contrario, su opinión vale tanto como la nuestra”

Muchas han sido las razones que llevaron a “No Toquen Nada” a convertirse en un gran éxito de audiencia. No se puede negar que los bloques que desarrollan el propio Joel junto al personaje “Darwin Desbocatti”, son una de ellas, pero el programa va mucho más allá. A lo largo del tiempo ha adquirido una forma de contar la noticia y una manera particular de llevar las entrevistas. En definitiva, un estilo y un ritmo; un sonido que lo identifica. “Desde el comienzo intentamos desactivar la idea de lo descontracturado, porque la realidad es que le ponemos mucho rigor y seriedad, lo que sí importa es generar una impronta que desdramatiza los temas. No vemos al periodismo desde el lugar de un fiscal o juez de la nación, lo que hacemos es informar y a veces opinar, pero no nos consideramos un escalón por encima de la audiencia, por el contrario, su opinión vale tanto como la nuestra y creemos que la gente lo ha captado así”, asegura.

Joel reconoce que se ha dado en los últimos años un cambio notorio en la comunicación periodística. “Más allá de Mujica y su impronta pop, es un fenómeno a nivel global el de los presidentes sin corbata. Hoy pasa mucho que el propio entrevistado tutea y llama por el nombre de pila a los periodistas al aire, pero eso no viene tanto por el lado del periodismo, sino de los propios protagonistas. En la radio, lo que sí es indudable y especialmente en los programas de la mañana, es que hubo un cambio, que no es ni más ni menos serio, sino otra forma de llevar los programas”.

DARWIN

Las entradas del personaje Darwin Desbocatti son antológicas. Cada mañana se producen diálogos muy jugosos entre éste y Rosenberg. Desbocatti “ataca” a cuanto personaje sea noticia ese día. Escuchando esos bloques es inevitable preguntar cómo maneja el tema el conductor:

“A Darwin trato de acompañarlo de una forma crítica. Pero claro, la columna es de él, y mi forma crítica simplemente es una voz que a veces dice, no, eso es un disparate, o no, no estoy de acuerdo. No te podría decir en qué porcentaje estoy de acuerdo con sus juicios, eso varía mucho. A veces puedo estar de acuerdo en un 10 % de lo que dice, otras veces en un 90 % y otras nada, un 0 %”.

“Es imposible discutir con él. Ese columnista tiene la idea de que hay que agredir hasta destrozar a quien se le coloca enfrente, entonces muchas veces te abrís. A veces polemizo, incluso alguna vez se ha enojado conmigo y ha cortado el teléfono, y después vuelve. Trato de manejar mis discrepancias cuando corresponde, pero esa no es la impronta de la columna, porque si yo me pongo en una postura necia de discutir, le tranco la columna todos los días, le estoy cortando el hilo que tiene que tener. Él tiene un estilo de caricaturización de la realidad muy particular”.

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